Soledad Nardelli, Alimento y Alma

 

En una mañana de otoño en Sant Pol de Mar, el Mediterráneo parece detenerse para escuchar a Soledad Nardelli. Hay en ella una vitalidad que no es fruto del azar, sino de una madurez de quien ha transitado la exigencia de la alta cocina para encontrarse con una forma de crear más humana, sensible y resiliente.

 

Sole es frescura, pero también es tierra. Sus raíces en el interior de Argentina son el anclaje desde el cual ha visto mutar su camino una y otra vez. En esta charla profunda, nos alejamos de los títulos para hablar de las preguntas que surgen cuando se llega a la cima. Sole comparte cómo las decisiones tempranas y las grandes premiaciones la llevaron a un punto de inflexión donde lo importante ya no era el reconocimiento, sino el sentido de pertenencia.

Su historia es un relato de apertura. Desde la exposición televisiva que humanizó su figura hasta el trabajo codo a codo en cocinas de Asia y Europa en donde ha buscado siempre la verdad detrás del alimento.

Bajo la influencia filosófica de figuras como Ferran Adrià, aprendió que cocinar es, en esencia, una forma de pensar y de vincularse con el otro.

 

Pero quizás lo más potente de su testimonio es la honestidad con la que habita su propia vulnerabilidad. Sole habla sin filtros sobre la maternidad, el valor de la salud emocional en entornos de alta presión y ese viaje personal que transformó su rumbo. En ese camino de redescubrimiento aparece Diego, su compañero de vida y el anclaje necesario para que florezca Adorat, un proyecto que es el reflejo de una madurez que ha sabido elegir la calma sobre el ruido.

Frente al Mediterráneo, su historia se abre a una verdad sencilla; la de honrar el instante, respetar el proceso y nutrir esa red humana que solo se puede construir cuando uno se atreve a ser, por fin, uno mismo.

 
 
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